Caracas, 24 marzo (batalladeideas.com).- El 26 de enero de 1985, a las 3:56 de la tarde, Venezuela se paralizó. El firmamento brilló con la llegada de un portavoz de fe y esperanza: el Papa Juan Pablo II. El sonido de miles de campanas y el retumbar de 21 disparos de cañón marcaron la llegada del Sumo Pontífice, un acontecimiento que perdurará en la memoria de los venezolanos.
El avión DC-10 de la compañía ALITALIA, llamado «Luiggi Pirandelo«, aterrizó en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, acompañado por tres aviones F-16 de la Fuerza Aérea de Venezuela. La emoción era evidente, y la multitud retenía el aliento mientras el avión se acercaba a la pista. Cuatro minutos antes de lo esperado, el avión aterrizó, generando una explosión de alegría.
Las autoridades venezolanas, lideradas por el presidente Jaime Lusinchi y Monseñor Oscar de Guruceaga, arzobispo de la Diócesis de La Guaira, aguardaban al final de la escalerilla. Las banderas de Venezuela y del Vaticano ondeaban en las ventanillas del avión, representando la conexión entre dos universos.
A las 4:05 p.m., se vio la figura del Papa Juan Pablo II en la escalerilla. Emocionado, besó la tierra natal, un acto que impactó en el corazón de los que estaban allí. El presidente Lusinchi, la Primera Dama y el Obispo de La Guaira recibieron a los invitados, comenzando una serie de ceremonias oficiales.
Una alfombra roja se desplegaba ante el Santo Padre, mientras cientos de niños gritaban «¡Sí, sí, sí, el Papa ha llegado!». Los himnos nacionales del Vaticano y de Venezuela sonaron en el aeropuerto, seguidos del saludo del Papa a la bandera venezolana y el discurso de recepción del presidente Lusinchi.
EL IMPULSO
