Madrid, 06 marzo (batalladeideas.com).- Pocas compañías alcanzan los cien años. Entre las que lo consiguen, pocas han resistido tantas transformaciones como Telefónica.
Establecida en un tiempo donde el teléfono era un bien exclusivo, ha experimentado una guerra civil, un conflicto mundial, regímenes dictatoriales, democráticos, repúblicas y monarquías, así como privatizaciones, burbujas tecnológicas y revoluciones digitales. Sin embargo, nunca ha confrontado una encrucijada tan existencial como la actual: establecer su identidad para el próximo siglo.
La centenaria Telefónica enfrenta su mayor desafío: evolucionar hacia una compañía tecnológica…
O aceptar la caída como operador de telecomunicaciones tradicional, mientras Murtra fomenta la consolidación en Europa.
El Mobile World Congress 2025 ha sido el lugar donde Marc Murtra, en sus primeros meses como presidente, ha compartido su perspectiva para la teleco. Un stand de cerca de mil metros cuadrados encapsuló esta búsqueda de identidad.
Las esferas artesanales de Valencia que adornaban el lugar —un hermoso homenaje cuatro meses tras la tragedia de la DANA— simbolizaban una fusión entre lo tradicional y lo contemporáneo. Una metáfora ideal de una compañía atrapada entre dos realidades: la telecomunicación tradicional cuyos márgenes están disminuyendo, y la firma tecnológica en la que desea transformarse.
Una operadora en un entorno adverso
El entorno europeo no favorece. Mientras Estados Unidos cuenta con tres operadores principales para 335 millones de habitantes, Europa dispone de 34 para 450 millones. Esta división, elogiada por los reguladores como una garantía de costos reducidos, ha generado un entorno en el que ningún operador posee la masa crítica necesaria para competir a nivel global.

Murtra fue claro en Barcelona durante su discurso de apertura: «Es momento de que se permita a las grandes compañías europeas de telecomunicaciones unirse y expandirse para desarrollar capacidad tecnológica». Una nota de precaución: «La influencia de Europa en el mundo continuará disminuyendo y no podrá determinar su futuro de manera independiente.» Lo que recientemente se consideraba un debate empresarial se ha convertido ahora en un tema geopolítico.
El nuevo presidente describe la lucha mediante una analogía deportiva: «Estamos en un mercado dividido, es similar a jugar fútbol con un brazo atado». «Si nos das libertad, anotaremos varios goles.» Un llamado de ayuda expresado por los CEOs de Vodafone, Orange y Deutsche Telekom, que se unieron al coro en Barcelona con una voz sorprendentemente unificada.
Pallete presentó una paradoja ideal sobre la mesa: disminuyó la deuda a la mitad (de 53.000 millones a menos de 29.000) mientras el valor en bolsa caía un 57%. La fórmula es evidente: la rehabilitación financiera ya no basta para atraer a los mercados. La inversión se enfoca en relatos de expansión, no de resistencia.
Y es en ese momento cuando la chaqueta de tecnología se ajusta mejor que la de telecomunicaciones. Y ahí van por ella.

El MWC como manifestación de propósitos.
Las demostraciones que Telefónica mostró en Barcelona son un adelanto de sus proyectos futuros. Ya no se restringe a discutir sobre conectividad, sino que explora áreas más complejas: drones autónomos que incorporan APIs de Open Gateway, protección frente a los desafíos de la computación cuántica, y su Centro de Operaciones Digitales dedicado a la ciberseguridad.
Es notable que la compañía de telecomunicaciones no solo exhibiera su red 5G, sino también las aplicaciones que se pueden desarrollar sobre esta. Su presentación de drones exhibió aplicaciones en el ámbito de la salud, el medio ambiente y la logística. Se nota un esfuerzo por posicionarse en la cadena de valor más allá del «tubo» de información. Más allá de la temida mercantilización.
La exposición de su tecnología Quantum-Safe Networks prevé amenazas que aún no han surgido, pero que lo harán cuando la computación cuántica sea más presente que un concepto futuro. La comunicación sobre un Centro de Excelencia en esta área, aunque sin especificar inversión o personal ni después de la consulta concreta de Xataka, revela su deseo de convertirse en un proveedor de seguridad estratégica.
Enrique Blanco, el CTIO saliente tras cuatro décadas en la empresa, ha señalado que han estado laborando en este ámbito durante diez años, realizando pruebas restringidas en áreas como Madrid o Vizcaya.
Sin embargo, tal vez la inversión más relevante sea Open Gateway. Chema Alonso, figura destacada de la transformación digital (aunque con un futuro dudoso), ha anunciado colaboraciones con TikTok, Cabify, AWS, Google Cloud y la Comunidad de Madrid. La meta es transformar sus redes, que hasta ahora han sido simples carreteras, en plataformas que produzcan beneficios económicos. Telefónica busca capitalizar su papel destacado como validador de identidad y establecerse como un intermediario tecnológico entre los ciudadanos y los servicios.
No obstante, detrás de estos indicios de modernidad, se mantiene la estructura de una compañía creada para un mundo diferente. Su cultura organizacional, formada a lo largo de décadas como un monopolio nacional, entra en conflicto con la flexibilidad necesaria para la innovación. Los más de 100.000 trabajadores que aún tiene el grupo se diferencian de operadoras más ágiles. Sin mencionar a las grandes empresas tecnológicas.
XATAKA
