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3 claves del acercamiento entre EE.UU. y Venezuela y cómo está cambiando la relación del gobierno de Trump con Maduro.

Redacción Batalladeideas
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Washington, 17 feb (batalladeideas.com).- «En su primer mandato, el presidente reelecto Donald Trump, tuvimos dificultades.» Este es un nuevo inicio para que apostemos por el beneficio mutuo. «Y que le vaya bien a Estados Unidos, que le vaya bien a Venezuela».

Eran esas las palabras con las que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, comenzó un mensaje televisado para congratular a Donald Trump, poco después de que él triunfara en las elecciones del 5 de noviembre del año pasado.

Maduro extendió su mano a Trump aunque el estadounidense, en su primer mandato (2017-2021), implementó una política de máxima presión para intentar provocar un cambio de régimen en Venezuela, imponiendo sanciones financieras y petroleras al país.

Estados Unidos lideró una coalición internacional para no reconocer la legitimidad de Maduro, cuando este comenzó en 2019 un segundo mandato como presidente tras unas elecciones que fueron consideradas fraudulentas por numerosos países.

Trump despojó a Maduro del control sobre los activos del Estado venezolano en Estados Unidos. Asimismo, impuso sanciones individuales contra él y varios de los líderes más destacados de su administración e incluso anunció una recompensa millonaria para quienes colaboraran en la captura del mandatario venezolano.

El régimen de Maduro ha resistido la política de máxima presión, pero la economía de Venezuela, su producción de petróleo y el bienestar de su población continúan perjudicados por las consecuencias de una crisis económica que ya estaba presente antes de las sanciones.

El aislamiento y la renovada crisis de legitimidad internacional que enfrenta Maduro tras las elecciones presidenciales del 28 de julio -en las que el Consejo Nacional Electoral lo declaró ganador aunque no presentó públicamente las actas que respaldaran su supuesta victoria-, también ayudan a entender por qué al líder venezolano le podría interesar establecer «un nuevo comienzo» con el gobierno de Trump.

Y, aunque oficialmente la Casa Blanca lo niega, hay evidencias concretas que indican que algo está cambiando entre Washington y Caracas.

El primer indicio se produjo el pasado 31 de enero, cuando Richard Grenell, enviado de Trump para misiones especiales, viajó a Caracas para reunirse con Maduro en el Palacio de Miraflores. Era la primera vez en muchos años que un diplomático estadounidense se dejaba fotografiar junto al gobernante venezolano.

Esa noche, Grenell volvió a EE.UU. junto a seis estadounidenses que estaban presos en cárceles de Venezuela, acusados de presuntos actos conspirativos, y que fueron puestos en libertad por Maduro.

Asimismo, se llevó el compromiso de Maduro de acoger y encargarse de los venezolanos que la administración de Trump desea expulsar de EE.UU. como parte de la «mayor deportación» en la historia del país.

Nueve días después, llegaban a Caracas dos aviones de la aerolínea estatal venezolana Conviasa, que traían a los primeros 190 deportados desde EE.UU.

Con Informacion de BBC NEWS MUNDO

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