Ganado de cuernos largos vadea por tierras anegadas y sube una pendiente a lo largo de un canal que se ha convertido en refugio para familias desplazadas en Sudán del Sur. El humo de estiércol quemado se eleva cerca de hogares de barro y hierba donde ahora viven miles de personas luego que las inundaciones arrasaran con su aldea.
“Demasiado sufrimiento”, lamentó Bichiok Hoth Chuiny, una mujer de poco más de 70 años. Se apoyaba en un bastón al caminar por la recién establecida comunidad de Pajiek en el estado de Jonglei, al norte de la capital, Juba.
Por primera vez en décadas, las inundaciones la obligaron a huir. Sus intentos por proteger su hogar construyendo diques fracasaron. Su antigua aldea de Gorwai ahora es un pantano.
“Tuve que ser arrastrada en una canoa hasta aquí”, dijo Chuiny. Un periodista de The Associated Press fue el primero en visitar la comunidad.
Tales inundaciones se están convirtiendo en un desastre anual en Sudán del Sur, que el Banco Mundial ha descrito como “el país más vulnerable del mundo al cambio climático y también el que más carece de capacidad de adaptación”.
Más de 379.000 personas han sido desplazadas por las inundaciones este año, según la agencia humanitaria de la ONU.
Las inundaciones estacionales han sido parte del estilo de vida de las comunidades pastoriles alrededor del Sudd, los humedales más grandes de África, en la llanura de inundación del río Nilo. Pero desde la década de 1960, el pantano ha ido creciendo, sumergiendo aldeas, arruinando tierras agrícolas y matando ganado.
“Las comunidades Dinka, Nuer y Murle de Jonglei están perdiendo la capacidad de mantener ganado y hacer agricultura en esa región como solían hacerlo”, señaló Daniel Akech Thiong, analista senior del Grupo de Crisis Internacional.
Con Información de The Associated Press.
