Bogotá, 01 mayo, batalladeideas.com.- Carlos Arturo Gallón no llegó al mundo con ese nombre. Ese se lo colocaron más tarde, cuando arribó a Colombia en la mochila de un soldado que regresaba de la guerra de Corea.
No se conoce cuál era su nombre original. De las ocasiones en que se ha escrito, la mayoría con letras al revés o discordantes, el más confiable parece ser el de Yung Ucheol.
Tampoco se conoció su edad. Cuando algunos soldados colombianos lo encontraron buscando en la basura le dieron entre siete y ocho años.
Han transcurrido más de 70 años y la existencia de este menor coreano que llegó a Colombia oculto en una bolsa, residió en el país sudamericano, disfrutó de la notoriedad y volvió a Corea en un viaje increíble continúa fascinando a un sinfín de curiosos.
Con el título «El niño de la tula» (Planeta 2025), este reportero lanzó hace unas semanas un libro acerca de la vida de este coreano en un país extranjero, cuyas actividades civiles, como su boda, eran reportadas en los medios como si se tratara de la alta sociedad.
Sanín utilizó los relatos de uno de los hijos de Gallón, Yunc, y de varios veteranos colombianos de la guerra de Corea para relatar la odisea de un hombre afectado por el conflicto, el abandono y sus recuerdos del pasado.
Una odisea que inició en 1951, cuando el presidente colombiano de aquel entonces, Laureano Gómez, envió a cerca de 5.000 soldados a unirse a Estados Unidos y a la actual Corea del Sur en la lucha contra las fuerzas de lo que hoy es Corea del Norte, respaldadas por China y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).
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