Las estructuras de las plataformas imitan sistemas de gratificación inmediata mediante «me gusta». Los jóvenes pasan de seis a ocho horas al día en espacios virtuales creados para optimizar las ventajas, no para salvaguardar su desarrollo emocional y cognitivo. Las plataformas promueven contenidos extremos que generan emociones fuertes, dando preferencia a narrativas simplificadas en lugar de información verificada y discusiones profundas.
En menos de dos décadas, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han cambiado las dimensiones del espacio público, alterando las relaciones, la comunicación y el acceso a la información.
Desde 2009, el año en que surgieron los smartphones, miles de millones de personas se encuentran inmersas en ecosistemas digitales creados no para el bienestar personal, sino para maximizar las ganancias empresariales mediante la comercialización de datos personales y la aplicación de técnicas psicológicas avanzadas.
Un análisis académico mencionado por El País destaca dos dinámicas clave: la información personal como el recurso económico más importante del siglo y la utilización de estrategias de gratificación instantánea para extender el tiempo frente a las pantallas. La acumulación de poder digital en unas pocas multinacionales suscita dudas sobre la imparcialidad de los servicios que pueden establecer normas globales y crear un ambiente informativo más atractivo que los medios convencionales.
Mecanismos de dependencia e influencia en el cognitivo.
Las estructuras de las plataformas imitan sistemas de recompensa inmediata mediante «likes», emojis y el desplazamiento infinito de contenidos, funcionalidad que su propio creador ha catalogado más tarde como “cocaína conductual” debido a su potencial para inducir la liberación de dopamina.
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