Ver los árboles como señales indirectas del dióxido de carbono volcánico presenta ciertas limitaciones. Numerosos volcanes tienen climas que no permiten la existencia de suficientes árboles para que los satélites logren capturar imágenes.
¿Pueden los árboles ser los primeros en detectar erupciones volcánicas que se aproximan? Investigadores de la NASA están indagando en una interesante relación: la leve alteración en el color de la vegetación alrededor de los volcanes, detectada por sus satélites de monitoreo terrestre.
Esta técnica innovadora podría transformar la manera en que predecimos estos peligrosos fenómenos naturales.
El secreto radica en lo que ocurre bajo la superficie. A medida que el magma se eleva hacia la cumbre del volcán, expulsa gases, como el dióxido de carbono.
Este gas, vital para la existencia de las plantas, es captado por los árboles cercanos, lo que les hace crecer más verdes y densos de lo normal. Las modificaciones, aunque invisibles a simple vista, pueden ser identificadas por potentes ojos espaciales como el satélite Landsat 8 de la NASA y otros dispositivos aéreos empleados en el proyecto AVUELO.
Este estudio es fundamental si tenemos en cuenta que aproximadamente el 10% de la población global reside en áreas de riesgo.
Las erupciones volcánicas pueden provocar una serie de amenazas: desde la emisión de rocas ardientes y gases peligrosos cerca del volcán, hasta deslizamientos de tierra, lluvia de ceniza e incluso tsunamis en regiones más distantes.
Aunque pronosticar el instante preciso de una erupción continúa siendo un reto, detectar las primeras indicaciones de actividad es crucial para salvaguardar a las comunidades.
Históricamente, la identificación temprana se ha enfocado en el seguimiento de gases como el dióxido de azufre, que son más sencillos de detectar desde el espacio. No obstante, el dióxido de carbono, un indicio aún más precoz de que un volcán está saliendo de su sueño, ha resultado ser mucho más complicado de diferenciar.
Con Informacion de EL NACIONAL.
