La formación de placa bacteriana endurecida no solo impacta la apariencia de los dientes, sino que también incrementa el riesgo de caries y enfermedades en las encías si no se elimina a tiempo.
El sarro dental, o tártaro y cálculo, es un problema frecuente que afecta a muchas personas, pero que se puede prevenir con una buena higiene bucal. Su desarrollo es resultado del endurecimiento de la placa bacteriana.
A pesar de que la placa se genera durante el día y puede eliminarse mediante un cepillado correcto, si no se quita de manera adecuada, se mineraliza y se transforma en sarro. Este procedimiento se lleva a cabo principalmente entre 24 y 72 horas después de la formación de la placa.
El sarro es la forma endurecida de la placa y, a diferencia de esta, no se puede quitar solo con el cepillado, sino que necesita un tratamiento profesional para su remoción.
Asimismo, el sarro presenta un aspecto más firme, frecuentemente en tonalidades blanquecinas o amarillentas, y se adhiere con firmeza a los dientes, formando una superficie áspera que favorece aún más la acumulación de placa.
Asimismo, el sarro presenta una apariencia más firme, frecuentemente en tonos blanquecinos o amarillentos, y se adhiere con fuerza a los dientes, generando una superficie áspera que fomenta aún más la acumulación de placa.
Estos pueden ocasionar gingivitis, una inflamación de las encías que se distingue por enrojecimiento, hinchazón y sangrado.
Si no se trata la gingivitis a tiempo, puede evolucionar a una periodontitis, que impacta los tejidos que sostienen los dientes, e incluso puede causar la pérdida de dientes.
Con Información de INFOBAE.
