Lo que comenzó extraño, concluye extraño. De manera impactante. Dos semanas de irregularidad. Tan cordial como exótico el último fotograma, inimaginable antes de que empezara la competición en la pista de Shanghái, donde dos primos se funden en un abrazo —el uno francés, el otro monegasco; 30 y 26 años respectivamente— tras concluir todo un Masters 1000, la categoría más destacada después de los cuatro grandes. ¿Quién lo habría creyó? Sin rodeos: ninguno, ni siquiera el más valiente.
Ni de cerca el legendario Roger Federer, presente en primera fila para un cierre insólito que reúne al 54º del mundo y el 204º. Circunstancial, en efecto, aunque también representativo. El campeón Valentin Vacherot lo festeja e intenta procesarlo. Correcto, así es: Valentin Vacherot. Que alce la mano quien lo conocía hasta hace dos días.
Impresionante lo de Nole, 38 años y aún activo, al igual que el torneo demuestra una vez más la fragilidad de la segunda línea del circuito, de quienes, en teoría, deberían estar listos si Alcaraz o Sinner se resfrían o, simplemente, deciden tomarse un descanso.
Por alguna razón, los Zverev, Fritz, Rune, Shelton, Medvedev, Musetti o De Miñaur siguen pinchando repetidamente. Y en ese momento, de repente y sin que nadie lo esperara, ni siquiera los especialistas más perspicaces, en Shanghái aprovechan las circunstancias y la ambigüedad dos jugadores que ni siquiera estaban en las apuestas más optimistas.
Gran tenista Rinderknech, sin lugar a dudas; elegante, audaz y residente en la red. Sin embargo, hasta ese punto. Y lo celebra Vacherot, quien llegó casi por accidente a la competición y, desde ahora, aparecerá en los anales de la historia de su disciplina.
Con Información de NOTICIA AL MINUTO.
