José Rodríguez, líder del Comité Dominicano de Derechos Humanos en Puerto Rico, advierte que «esta cacería selectiva, xenofóbica y racista, fundamentada en la discriminación» provocará «una crisis humanitaria y económica».
El miedo y la duda se evidencian en las miradas de los escasos peatones que se animan a salir de sus viviendas en las zonas de San Juan, centro de la diáspora dominicana y objetivo de las redadas dispuestas por el presidente estadounidense, Donald Trump.
«La realidad es que en Barrio Obrero actualmente no hay actividad, yo resido cerca de Río Piedras y allí también hay poco movimiento, muchos comercios están cerrados», comenta a EFE el dominicano Eleudy Mercedes, quien llegó a Puerto Rico hace siete años.
Desde la semana anterior, un silencio abrumador inunda las calles de Barrio Obrero y la música tradicional de República Dominicana, como merengues y bachatas, ha dejado de sonar en los bares, que permanecen cerrados al igual que muchos otros comercios por temor.
Asimismo, los escritorios de los infantes migrantes permanecen desocupados en las escuelas de Puerto Rico y la falta de dominicanos es evidente en las citas médicas de la isla, que es un Estado Libre Asociado de Estados Unidos.
«Somos personas honestas y laboriosas», «todos están ocultos», son algunos de los comentarios que se pasan los escasos transeúntes en la plaza Antonio R. Barceló, en el corazón de Barrio Obrero.
Con Informacion de ACENTO
