Iqbal Masih fue comprado por su familia a los cuatro años y forzado a laborar en un taller de alfombras en Pakistán. Consiguió huir y expuso públicamente el sistema. Fue asesinado hace treinta años y, en su recuerdo, hoy se celebra el Día Mundial contra la Esclavitud Infantil.
“Fui uno de los millones de niños que eran esclavos en Pakistán.” «Hoy soy libre y deseo que todos los niños del mundo también lo sean», expresó Iqbal Masih en 1993, con la convicción de quien ha experimentado el temor, pero también la valentía. Sus bellos ojos marrones resplandecían tras años de cautiverio y servidumbre.
Contaba con tan solo diez años y se dirigía a una audiencia que lo escuchaba en silencio, admirándolo con emoción. Dos años después, el 16 de abril de 1995, fue ejecutado a tiros en su pueblo natal. Contaba con doce.
Su vida truncada fue bastante corta, pero dejó una marca profunda en la batalla por los derechos de los niños. A los cuatro años se encontró con la esclavitud: fue entregado como respaldo de una deuda familiar y forzado a laborar más de doce horas al día, durante seis años, en un taller de alfombras pakistaní.
Sin embargo, también fue una vida marcada por una claridad natural y un compromiso intenso en la defensa de los derechos de sus semejantes. Desde que consiguió escapar, nunca dejó de hablar.
Con una firmeza que contradecía su juventud, Iqbal criticó abiertamente a los dueños que lo habían abusado, a los empresarios que se beneficiaban del trabajo infantil y a las autoridades que ignoraban la situación. Su voz inquietó a muchos y llevó su testimonio a escuelas, templos, foros internacionales y medios de comunicación. Su relato, tan corto como desgarrador, se transformó en un emblema.
Con Informacion de INFOBAE.
