La drástica reducción del sector público ha generado protestas entre los trabajadores gubernamentales, quienes temen que la medida se convierta en una purga sectaria.
El nuevo gobierno interino de Siria, liderado por el grupo islamista Hayat Tahrir al-Sham (HTS), ha puesto en marcha un plan de reestructuración económica que incluye el despido de un tercio de los empleados públicos y la privatización de empresas estatales que estuvieron bajo control de la familia Assad durante cinco décadas.
Las primeras destituciones comenzaron semanas después de que los rebeldes derrocaran al expresidente Bashar al-Assad el pasado 8 de diciembre. La drástica reducción del sector público ha generado protestas entre los trabajadores gubernamentales, quienes temen que la medida se convierta en una purga sectaria.
Según el ministro de Finanzas, Mohammad Abazeed, una revisión preliminar reveló que solo 900.000 de los 1,3 millones de empleados del gobierno realmente desempeñaban funciones laborales, mientras que 400.000 eran “nombres fantasma” que cobraban sin trabajar.
“Esperábamos corrupción, pero no a este nivel”, afirmó Abazeed.
El ministro de Desarrollo Administrativo, Mohammad Alskaf, declaró que la administración solo necesitará entre 550.000 y 600.000 empleados, menos de la mitad del número actual.

En tanto, el ministro de Economía, Basil Abdel Hanan, explicó que el país está pasando de un modelo estatal centralizado a una economía de libre mercado. Bajo la dirección del presidente interino, Ahmed al-Sharaa, el gobierno planea privatizar 107 empresas industriales estatales, aunque Hanan aseguró que los sectores estratégicos de energía y transporte permanecerán bajo control estatal.
Algunas compañías estatales serán eliminadas debido a presuntas prácticas de corrupción. Abazeed citó el caso de la Syrian Trading Establishment, una distribuidora de bienes de consumo financiada por el gobierno que, según él, nunca presentó informes de ingresos en los últimos diez años.
Con Información de INFOBAE.
