Asunción, 28 mayo, (batalladeideas.com).- Alcides Manena, un reportero de 43 años, charla con nosotros en su hogar un miércoles caluroso y húmedo de marzo. Se encuentra acomodado en el balcón del edificio de ladrillo, mientras examina diversas imágenes en un computador portátil que tiene en sus piernas.
Es tarde y ha llovido, así que el barro cubre las calles de tierra que rodean la casa en la que ha residido durante 12 años con su esposa, sus cuñados y sus dos hijos.
La vivienda nunca ha pertenecido legalmente a la familia, aunque su compañera, Eva Noguera, una docente de 37 años, la recibió en herencia de sus padres, quienes vivieron allí durante décadas.
Manena revisa las imágenes una por una y cuenta que fueron capturadas durante la Gran Marcha de 2005, cuando él y otros habitantes de Puerto Casado -un pequeño pueblo en el norte de Paraguay- recorrieron 630 kilómetros hasta la capital, Asunción.
En las imágenes se observan a numerosos niños y adultos. Caminan por una carretera a pie o se trasladan en la parte trasera de diversos camiones, bajo el sol y la lluvia, mientras llevan banderas, carteles y equipamiento musical.
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