Batalladeideas.com 16 feb.– En los grandes banquetes no escatimaban en especias y hay dos razones muy sencillas: gusto y prestigio.
Para preferencias, tonalidades. Sin embargo, si eras el huésped de un terrateniente medieval, un conde o barón adinerado que deseaba impresionar a sus invitados con un espléndido festín de pescados, carnes, vinos y postres, lo ideal es que tus preferencias estuvieran orientadas hacia la comida intensamente especiada. Al final, no era insólito que en la mesa hubiera una fuente de faisán sumergido en una salsa hecha con 17 especias diferentes, tantas que su sabor probablemente no sería del agrado de los paladares actuales.
Tal vez esa anticipación te resulte poco atractiva, pero para los comensales de la Edad Media tenía mucho sentido.
Preferible con condimentos. A los comensales de la Edad Media les agradaban las especias. Mucho. De tal manera que sus banquetes eran un verdadero espectáculo de sabores con aderezos de jengibre, canela, pimienta negra, nuez moscada o azafrán, junto a un extenso y bien sazonado etcétera.
Por ejemplo, Michael Delahoyde, de la Universidad Estatal de Washington, señala que una salsa para carnes podría incluir alrededor de 17 especias diferentes. En un ejemplo reciente, El País mencionaba recetas con hasta 15 ingredientes y mucho azúcar.
Todo en un solo plato. Combinado. Creando una combinación de sabores que haría que los platillos que adornaban los espléndidos banquetes de los nobles medievales serían difícilmente consumibles para los comensales del siglo XXI. Y eso (ironicidades gastronómicas) que nunca fue tan sencillo hallar especias como en la actualidad: basta con ingresar a cualquier tienda para topar con estanterías llenas.
Con Informacion de XATAKA
