Los padres de Juan Sebastián Mejía salieron temprano de su hogar a sus respectivos trabajos. Sin embargo, a su regreso, en horas de la tarde, no hallaron rastro del menor, cuyo cadáver fue encontrado tres días después.
Lo que inició como el sueño americano de una familia colombiana, rápidamente se convirtió en una tragedia tras la pérdida de uno de sus integrantes.
Todo comenzó el viernes 24 de enero de 2025, cuando Jenny y su esposo, ambos colombianos, salieron temprano de su hogar a sus respectivos trabajos. Juan Sebastían Mejía, su hijo de 12 años, se quedó solo en la casa.
Según contó la madre de Sebastián a El Tiempo, el jovencito le aseguró que de 2:00 a 4:00 p. m. tenía planeado ir a donde un amigo suyo del colegio a estudiar, una actividad nada fuera de lo común.
Sin embargo, la angustia apareció cuando hacia las 5:30 p. m., los padres del joven regresaron a la vivienda sin hallar a su hijo, quien no contestaba las llamadas que insistentemente le realizaban.
Sin pensarlo dos veces, los padres avisaron a las autoridades correspondientes para dar con el paradero del estudiante de séptimo grado, que con el pasar de las horas no se le conocía rastro alguno.
No obstante, en medio de las investigaciones correspondientes, se habría revelado un video, de alrededor de las 9:00 a. m., en el que se aprecia a Mejía jugar con algunos niños a lanzarse bolas de nieve, sin malicia aparente.

Fue el lunes 27 de enero que la incertidumbre y la intensa búsqueda terminó para la familia, luego de que hacia la 1:00 p. m. hallaran el cadáver del joven estudiante en un lago en la South Independence Boulevard en Virginia Beach, Virginia, en el sector donde vivían.
De acuerdo con lo que arrojó la autopsia, el niño se había ahogado, sin mostrar signos de violencia, aunque la investigación sigue abierta para descartar que el accidente haya sido provocado.
“La investigación sigue abierta porque no se ha podido recopilar mucha información. Lo único que ellos pueden dar es una hipótesis, nada más, en la autopsia no arroja signos de violencia”, contó la madre al medio citado.
Ahora, la tragedia continúa para la familia que lleva más de un año y medio en el país americano, debido a los excesivos costros que implica el traslado del cuerpo del niño a su natal Pamplona (Norte de Santander), rodeado de sus seres queridos.

“Esto puede costar entre 20.000 y 30.000 dólares que no tenemos”, enfatizó la mujer al medio.
Frente a esta difícil situación, familiares y amigos del menor se unieron para donar un granito de arena que permita el entierro del joven en Colombia.
Con Información de INFOBAE.
