Bogotá, 25 noviembre, (batalladeideas.com).- Isabela y unas amigas se comunicaron con un ‘atractivo empresario’ a través de Facebook y empezaron a dialogar hasta llegar a una decisión arriesgada: irse a España para buscar en la ‘Madre Patria’ oportunidades de avance y apertura económica que les faltan en su país, Colombia. Son de Medellín ellas.
El atractivo empresario las persuadió, les envió una serie de enlaces y archivos por correo para halagarlas, seducirlas y atraparlas. Concertaron una reunión en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, España, donde serían recibidas por un abogado.
«Con sus nombres, llevarán un cartel de color beige y al verlo, sabrán que es nuestro representante. Él se hará cargo de todo; sus maletas, su entrada y su transporte, total confianza en él, ya que es como si fuera yo.

Preparado. Isabela, María, Claudia, Peggui y Cristina fueron atrapadas en la trampa. En efecto, al dejar el área de embarque y desembarque hay un objeto que sostiene el cartel con los nombres de todas y una flor dibujada.
Ellas sienten emoción y alegría, ya que se unirán a una reconocida empresa de turismo en Madrid como promotoras y en protocolo, se acercan a la persona que las recibe con mucho respeto y afecto y las guía hacia una furgoneta blanca.

Se suben a la furgoneta blanca y todo parece habitual. El hombre empieza a investigarlas. Lleva una tarjeta con el nombre de una compañía cualquiera, es llamativo y está impecablemente vestido. Las chicas no ocultan su entusiasmo sin ser conscientes de que su destino será el infierno.
El resto de la narrativa es lo que todos conocen. Arriban a un tipo de establecimiento ubicado en un barrio que empieza a transformar el entorno a la vista de las jóvenes, que la mayor tiene menos de 25 años, Se abre una santamaría y la van ingresa a una cochera bastante oscura y angosta y ahí comienza la tortura. Les arrancan sus pasaportes y cédulas y les cantan la verdad desnuda. El infierno se acabó la ilusión.

Es uno de los muchos métodos empleados por estas redes de trata en Madrid que principalmente capturan a latinas, árabes, rumanas y de otros pequeños países del denominado bloque ruso.
Dentro de las profundidades
La prostitución subsiste en un vacío legal en España. No está vetada, pero el proxenetismo y la trata de personas, los dos crímenes que la respaldan, sí lo están. Esa ilegalidad coexiste con una realidad más dura: miles de personas, en su mayoría mujeres extranjeras, atrapadas en redes que explotan su vulnerabilidad y la falta de una regulación precisa.

Este verano, en apenas dos semanas, han sido descubiertas múltiples redes de explotación sexual en varias áreas de España. En Cádiz y Murcia, mujeres de Latinoamérica eran reclutadas con engañosas propuestas laborales y abusadas en clubes y viviendas insalubres.
En Valencia, las autoridades rescataron a 162 mujeres sudamericanas recluidas en establecimientos disfrazados de centros de masajes, controladas por cámaras y con solo dos horas de «libertad» diarias. Y en Gandía, otra red las obligaba a laborar sin pausa, endeudadas y forzadas a usar drogas con los clientes.
Tres casos que muestran un patrón que se observa en apartamentos y clubes en todo el país.
En medio de esta circunstancia y con un debate en curso, intensificado por el escándalo del caso Ábalos, el Gobierno ha reanudado su agenda abolicionista con un proyecto de ley para penalizar a los clientes y agravar las penas a los proxenetas.
El Ministerio de Igualdad, además, colabora con el INE para eliminar la referencia a la prostitución de la Clasificación Nacional de Actividades Económicas (CNAE).
Solo hay información actualizada y periódica sobre la situación de la prostitución en España.
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