Nueva York, 24 julio (batalladeideas.com).- El futuro de la música generada por IA se decidirá en los tribunales, en las asambleas legislativas y en los acuerdos comerciales que establecerán las nuevas reglas del negocio musical.
En años recientes, la Inteligencia Artificial (IA) generativa ha evolucionado de ser una expectativa tecnológica a una realidad que puede generar melodías y voces prácticamente idénticas a las humanas con tan solo una indicación de texto.
No obstante, este acelerado crecimiento ha generado una crisis jurídica y comercial.
La industria musical convencional ha iniciado una fuerte estrategia defensiva para restringir el avance desmedido de la IA, sosteniendo que el éxito de estas herramientas se ha basado en la violación masiva de derechos de autor.
A continuación, se detallan las tres acciones clave que la industria pretende implementar para frenar y regular esta tecnología.
1.- Reclamaciones por violación de Derechos de Autor
La principal y más sólida barrera que ha establecido la industria es el camino judicial.
Las tres principales casas discográficas (Universal Music Group, Sony Music Entertainment y Warner Records), apoyadas por organizaciones como la RIAA, han llevado a cabo acciones legales históricas contra las principales plataformas de IA musical, como Suno y Udio.
El eje principal de la industria sostiene que estas firmas tecnológicas emplearon catálogos completos de música con derechos de autor para «entrenar» sus algoritmos sin pedir autorizaciones ni abonar licencias. El sector demanda el fin de estas acciones y aspira a compensaciones millonarias.
Por su parte, las compañías de IA se respaldan en la doctrina del «uso justo» (fair use), argumentando que sus sistemas no reproducen obras completas, sino que adquieren patrones matemáticos y estilos musicales de manera legal.
2.- Normativas en contra de la clonación de voz
Uno de los principales miedos de los intérpretes son los «deepfakes» musicales: sistemas de IA que replican el timbre y la voz de cantantes célebres para generar canciones sin autorización.
El inconveniente se encuentra en una laguna legal de larga data: las normas federales de derechos de autor resguardan tanto la composición textual como la grabación.
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