La reina, reconocida por su autoridad, también padecía en silencio. Su afición por lo dulce dejó una huella evidente y dolorosa, mostrando una batalla interna entre la indulgencia y el bienestar.
Isabel I de Inglaterra (1533-1603) se mantiene en la memoria colectiva como un símbolo de poder y magnificencia. Su imagen, meticulosamente forjada a lo largo de casi cincuenta años de reinado, refleja la figura de “Gloriana”, la “Reina Virgen”, emblema brillante de la Edad de Oro inglesa.
No obstante, bajo la apariencia de grandeza había una realidad más vulnerable, caracterizada por el dolor físico y un grave deterioro de los dientes. El azúcar, un dulce veneno real, cambió drásticamente la alimentación de la nobleza inglesa en el siglo XVI.
Presentado originalmente por los cruzados como un condimento medicinal, su posición alteró significativamente durante la época isabelina, favorecido por la expansión colonial y el aumento del comercio marítimo.
La oferta de este artículo estaba directamente relacionada con el comercio transatlántico de esclavos, dado que la fuerza laboral forzada africana era el pilar económico de las haciendas de caña en el Nuevo Mundo.
A pesar de su mayor accesibilidad, el azúcar seguía siendo un artículo de máximo lujo en la Inglaterra isabelina, un claro símbolo de riqueza y posición social. Su valor se podía comparar con el de perlas y especias raras, actuando casi como una moneda de prestigio entre las clases altas.
Con Informacion de INFOBAE.
