12 Feb (batalladeideas.com).– Marilyn Monroe era «ingenua, frívola, sin habilidades y manipulaba a las personas», y John F. Kennedy, «un hombre de solo dos minutos» en la cama, según el autor James Ellroy, quien presentó este lunes en Madrid su obra más reciente, ‘Los seductores’ (‘The Enchanters’), en la que descompone el mito de la figura del ícono de Hollywood.
«Se han publicado innumerables libros sobre ella y todos parece que la perdonan por sus malas acciones, pero yo aquí la juzgo», afirma con firmeza el rey de la novela negra estadounidense, autor de ‘L.A. Confidential’ y ‘La Dalia Negra’ (‘The Black Dahlia’).
Lo que menciona sobre Monroe lo hace por «puro instinto»; no ha realizado una investigación para crear este libro, una novela policial repleta de personajes y situaciones verídicas. Sí, leyó, aunque de forma parcial, la biografía redactada por el periodista británico Anthony Summers.
«No se demuestra nada, es solo especulación, nadie tiene claro lo que sucedió», sostiene el autor estadounidense, quien está en España para participar en la tercera edición del Hay Festival de Sevilla.
A pesar de que la novela explota toda esa especulación y enigma, Ellroy no considera que la actriz de ‘The Seven Year Itch’ o ‘Gentlemen Prefer Blondes’ representara una auténtica amenaza para el ‘establishment’ estadounidense ni para los Kennedy en específico.
«Jack (John Kennedy) y ella únicamente se encontraron ocho veces durante una hora, Jack era un hombre de dos minutos,» afirma al referirse al ex presidente de Estados Unidos, asesinado en Dallas en 1963.
«Marilyn falleció por sobredosis, sufría de alcoholismo y drogadicción, había consumido cantidades excesivas de alcohol y drogas durante varios años», afirma.
A su parecer, si el mundo permanece hoy cautivado por ella es porque «el mundo se deja engañar con facilidad» y «las personas desean creer en cosas».
Otash, el custodio de los misterios de un Hollywood corrupto.
Situada en Los Ángeles durante el verano de 1962, la historia conecta la muerte de Marilyn con el rapto de una actriz de filmes de serie B -en este caso, un personaje inventado-.
En medio de esta situación, el detective Freddy Otash, un exuniformado corrupto y extorsionador, sospecha que ambos casos están conectados e investiga, inicialmente bajo las órdenes de Jimmy Hoffa -líder sindicalista vinculado a la mafia y en conflicto con los Kennedy- y posteriormente para el otro lado, rindiendo cuentas ante Robert Kennedy.

Darryl F. Zanuck, el mandamás de la Fox, Elizabeth Taylor o Natasha Lytess, son algunos otros personajes reales que aparecen a lo largo de las más de 500 páginas de novela, además del propio Otash, un detective privado a quien Ellroy conoció en persona y de quien se decía que había espiado a todo Hollywood.
«Tenía a Hollywood bajo su control, era su protector, lo conocía todo», dice Ellroy, antes de agregar que «era un trozo de basurero». Otash es el personaje principal de una trilogía que comenzó con ‘Pánico’ (‘ Widespread Panic: A novel’, 2021) y de la cual ya está redactando la tercera parte.
El Hollywood que muestra Ellroy es un universo repleto de violencia, depravación, narcóticos y deslealtades. Del presente, prefiere no comentar nada. «No deseo discutir el presente, ni la política de EE. UU., ni nada vinculado con lo actual, pero puedo afirmar que donde existe un grupo de individuos que comparte la misma ideología, intentarán silenciar las mismas temáticas».
«Continúo siendo como una cabra.»
El escritor del Cuarteto de Los Ángeles admite que habita en el pasado. No utiliza computadora, ni teléfono móvil ni televisor. «Todo eso es el Diablo en el mundo», advierte el autor, quien comenzó su carrera después de los treinta, afectado por el homicidio sin resolver de su madre cuando era pequeño, -un tema que ya trató en ‘Mis rincones oscuros’ (‘My dark places’, 1996)-.
A punto de alcanzar los 77 años, asegura no experimentar la sensación de olvidar cosas ni de moverse más despacio. Su estilo literario, intenso y de oraciones breves como ráfagas de ametralladora, permanece inalterado. Su ego, algo más equilibrado, reflexiona.
«La fe me ha ayudado y al observar la vida, me doy cuenta de que, a pesar de los libros que he escrito, la fama y el dinero que he conseguido, sigo sintiéndome como una cabra, sufro de insomnio y por las noches me invade un temor que me impide descansar», asegura.
«La fe me ha aliviado y también observar la vida y notar que, a pesar de los libros publicados, la fama y el dinero que he conseguido, sigo sintiéndome como una cabra, tengo insomnio y por la noche me asalta un pánico que me impide descansar», asegura.
Cómodo en la provocación y en proyectar una imagen de persona fuerte y cortante, pero con un toque de humor, afirma que no le agrada ninguna adaptación realizada de sus películas, aunque sigue estando dispuesto a que le paguen por ellas.

Joyce Carol Oates lo ha descrito como el «Dostoievski estadounidense»; él admite sin inconvenientes que no lo ha leído. Tampoco a Tolstói, ni a Celine, ni a Kierkegaard, menciona. A McCarthy y Faulkner no les agrada, ya que «nunca emplean comillas».
«Ni siquiera me interesa la novela de misterio», añade el autor, conocido como «el perro demoníaco» de la narrativa negra estadounidense.
Con Informacion de AGENCIA EFE
