Pekín, 09 marzo (batalladeideas.com).- En la década de 1950, China era una nación muy distinta a la de hoy. El Partido Comunista Chino bajo el liderazgo de Mao Zedong había derrotado a los nacionalistas del Kuomintang tras casi treinta años de guerra. El dominio imperial había llegado a su fin y el país inició transformaciones estructurales significativas que llevaron al establecimiento de la República Popular China en 1949.
Los integrantes del Kuomintang se trasladaron a Taiwán ese mismo año, dejando espacio para la compleja transformación social, política y económica que Mao Zedong ya había comenzado a gestar. El nuevo sistema se había establecido sobre fundamentos comunistas con la intención de superar muchos siglos de una estructura feudal que había restringido significativamente el potencial de crecimiento del país.
El inconveniente radicaba en que sus instrumentos básicos consistían en un estricto control ideológico y una dura represión política que no toleraban ningún tipo de disidencia. Por lo tanto, China era una nación predominantemente agrícola que deseaba modernizarse y seguir el mismo camino de industrialización que habían recorrido durante varias décadas otros países, como el Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Bélgica o Alemania.
El Gobierno de Mao implementó una reforma agraria muy aspiracional que buscaba modernizar la producción agrícola y aumentar su eficacia. En este marco, el avance científico constituía un elemento clave de su estrategia progresista, aunque estaba subordinado a los principios ideológicos y políticos del régimen comunista. Este no era en modo alguno el entorno propicio para que surgiese una joven china entusiasta de la ciencia. Y aún menos por la física nuclear. Sin embargo, lo realizó.
Chien-Shiung Wu enfrentaba todas las dificultades.
A comienzos del siglo XX, la gran mayoría de las mujeres en China no contaba con la más mínima oportunidad de educación. Sin embargo, Chien-Shiung Wu era única. Nació en 1912 en la provincia de Jiangsu, y cuando tenía solo cinco o seis años, sus padres se percataron de que era una niña muy brillante, con una curiosidad y astucia excepcionales para alguien de tan corta edad. Por suerte para ella, sus padres valoraban la importancia de la educación a pesar de lo complicado que era para una familia relativamente modesta acceder a ella.
A Wu se le daban muy bien las matemáticas y la física. Se destacó desde joven en estas áreas científicas, lo que le permitió ingresar a estudios avanzados de física en la reconocida Universidad Nacional Central (hoy denominada Universidad de Nankín).
Es esencial que no ignoremos que al inicio de la década de 1930, China era, como hemos observado, una nación esencialmente agraria que se encontraba inmersa en la agitación revolucionaria provocada por la caída del poder imperial.
En este entorno social y político era bastante complicado que una mujer pudiera acceder a la educación universitaria. Era aún más difícil que sobresaliese en una carrera científica. Sin embargo, Chien-Shiung Wu lo logró.
Se licenció en Física en 1934, y dos años después optó por ir a EEUU para finalizar su educación. Su impresionante trayectoria académica le permitió ser aceptada en la Universidad de California en Berkeley bajo la guía de Ernest Lawrence, el creador del ciclotrón, y en 1940 logró su doctorado en Física.
Wu ha dejado una huella en la historia por sus investigaciones en física nuclear.
En 1956, Chien-Shiung Wu ideó un experimento sumamente ingenioso empleando cobalto-60 refrigerado a una temperatura muy baja. Su objetivo era investigar si los electrones liberados en un campo magnético de alta intensidad se distribuyen de manera asimétrica, tal como habían planteado los físicos teóricos Tsung-Dao Lee y Chen Ning Yang, con quienes trabajaba. Su experimento fue exitoso, permitiendo a Wu mostrar que los electrones emitidos en el proceso de desintegración se expulsaban preferentemente en una dirección, y no de manera simétrica, como los físicos asumían hasta entonces.
Este experimento ha quedado registrado en la historia de la ciencia como «el experimento de ruptura de la paridad de Wu». Su relevancia radica en su habilidad para mostrar que en la interacción nuclear débil, que es la fuerza fundamental que ocasiona ciertos procesos atómicos, como la desintegración beta, no se cumple la simetría. Si lo decimos de esta manera, puede no parecer relevante, pero lo es. Es un saber fundamental.
En efecto, no solo apoyó la teoría de la desintegración beta de Enrico Fermi; sin su aportación, los físicos no habrían podido desarrollar las teorías que actualmente configuran el Modelo Estándar de la física de partículas. El experimento de Wu fue fundamental para la entrega del Premio Nobel de Física a Lee y Yang en 1957. Varios científicos opinan que lo apropiado habría sido que Chien-Shiung Wu hubiera obtenido este reconocimiento junto a sus colegas, pero no ocurrió.
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