Nairobi, 03 mayo, batalladeideas.com.- En el centro de la reserva Ishaqbini Hirola, en el este de Kenia, habita un ser tan excepcional como frágil: la única jirafa blanca identificada en el mundo. Este macho muestra una condición genética conocida como leucismo, que le impide generar pigmento en su piel, dándole un aspecto totalmente blanco, aunque sus ojos mantienen su color original.
Antes, también habitaban una hembra y su cría con la misma característica genética. Sin embargo, en 2020, ambos fueron asesinados por cazadores ilegales. Desde ese momento, este solitario macho se transformó en el último de su raza, una jirafa singular en todos los aspectos.
Una estrategia para perdurar: GPS en su cuerno.
Debido al gran peligro que implica su escasez, la jirafa fue dotada de un localizador GPS colocado en uno de sus cuernos. Este aparato permite a los guardabosques rastrear sus desplazamientos en tiempo real, enviando señales cada hora. La tecnología se convirtió en su única protección contra el peligro.
Esta medida se logró gracias al esfuerzo colaborativo del Servicio de Vida Silvestre de Kenia, la ONG Save Giraffes Now y la organización Northern Rangelands Trust. La meta: asegurar la protección del individuo y evitar que se repita una tragedia similar a la que sucedió con la hembra y su cría.
La caza ilegal sigue amenazando.
Ser la única jirafa blanca que sobrevive en el planeta la transforma en un objetivo deseado. La caza ilegal, motivada por el comercio de animales exóticos y el simbolismo de particularidades genéticas, constituye un peligro cotidiano. En África, la cifra total de jirafas ha caído un 40 % en los últimos treinta años. Actualmente restan alrededor de 68.000 ejemplares en todo el continente.
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