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Laboratorio Bukele I.

Redacción Batalladeideas
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San Salvador, 24 abril, batalladeideas.com.- Sus consejeros le sugieren emitir mensajes directos, controvertidos y “virales”, fomentando el engagement (conexión emocional) y enfocándose en el público al que ven como más susceptible: los jóvenes.

Emplea un tono relajado, memes y respuestas mordaces a quienes lo critican, pero no piensen que él es quien escribe estos contenidos. Los creadores de sus guiones son parte de un sistema diseñado para preservar la imagen de “político distinto, innovador, contemporáneo, alegre”, que concluirá conservando el estatus y no alterará nada relevante.

Bukele es un pequeño fenómeno, que se puede medir por la escasa densidad poblacional y la extensión geográfica de El Salvador, un entorno adecuado para generar supuestos cambios sorprendentes, que se presentan al mundo mientras se oculta que más allá de las cuatro calles de la zona rosa en San Salvador, el país continúa siendo rural en cerca del 80%. Su marketing es limitado, pero se fundamenta en el completo desconocimiento de aquellos que lo critican a partir de sus publicaciones.

Este Frankenstein político comunica acciones gubernamentales mediante hilos en X, eludiendo los filtros periodísticos para controlar su propia imagen, emplea Instagram y Tik Tok para relacionarse con los más jóvenes, adoptando un enfoque similar al de otros experimentos como Bolsonaro en Brasil, Milei en Argentina y Trump en EE. UU.

Forma parte de una corriente política cuyo respaldo proviene de las grandes corporaciones de las redes sociales, una suerte de nuevo superpoder que surge gracias a su notable habilidad para segmentar mensajes dirigidos a audiencias asustadas por las campañas de miedo contra criaturas inventadas por la propia derecha, tales como narcotráfico, terroristas, pandillas delictivas, salvatruchas y otros fenómenos que, de manera misteriosa, son amplificados por medios, agencias de noticias y redes controladas por sectores económicos con intereses.

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