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Mientras la población de Japón se hunde irremediablemente, Tokio crece. Hay una explicación: ikkyoku shūchū.

Redacción Batalladeideas
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Tokio, 09 marzo (batalladeideas.com).- Una gran parte del mundo enfrenta un desafío a corto y medio plazo, un desafío denominado demografía. La tasa de fecundidad en varios países es muy baja y la cifra de nacimientos ha disminuido drásticamente en muchos casos. Las naciones asiáticas como Corea del Sur, China o Taiwán enfrentan esta situación, pero no se puede discutir el invierno demográfico sin incluir a Japón.

Japón ha estado viviendo el fenómeno de la centralización durante décadas.

Han estado batallando contra ello durante años, pero para este 2025 han declarado acciones para enfrentarlo.

Mientras el país se esfuerza por alcanzar la tasa que asegure el relevo generacional, está enfrentando dificultades para que las empresas cuenten con mano de obra. Grandes como McDonald’s han modificado sus políticas de empleo, están empleando robots y, ante la escasez de niños, incluso las compañías de pañales han comenzado a considerar el mercado de pañales para adultos.

Y, al enfrentar ese inconveniente, otro ha estado planteando su presencia durante años: la excesiva centralización del archipiélago en una sola ciudad: Tokio. Y esta gran centralización tiene un término:

Japón se desarma.

Ikkyoku shūchū es una expresión japonesa que se relaciona con la concentración del país. Esto significa que existe una acumulación desproporcionada en un lugar específico que no ocurre únicamente por el nacimiento de más bebés allí o por recibir más inmigrantes, sino porque otras regiones del país se desocupan al trasladarse a la ciudad que concentra.

En el caso de Japón, esa ciudad es Tokio, la metrópoli que, a lo largo de décadas, ha concentrado industria, funciones administrativas, políticas, turismo y, por supuesto, población. Como indican en The Japan Times, mientras el resto del país disminuía, Tokio prosperaba. Esto ha generado un gran desequilibrio demográfico porque, claramente, la área circundante perdía habitantes, al igual que otras poblaciones en todo el país.

Y las consecuencias de esto son inmensas. Para comenzar, se genera una desigualdad económica debido a que todo se agrupa en la metrópoli, lo que provoca que la distancia en las actividades económicas sea cada vez más amplia entre la ciudad capital y las demás regiones del país. Para el individuo, esto significa un costo económico y de tiempo, dado que todo resulta más costoso, los servicios de transporte y públicos están más congestionados y el trabajo remoto no siempre es factible.

Asimismo, es un inconveniente para el resto de la zona, ya que esos municipios que se están quedando sin habitantes no pueden sostener servicios básicos ni atraer a jóvenes que deseen permanecer a laborar. En realidad, lo que hemos observado es que la manera de atraer parejas a ese “Japón desolado” es a través de incentivos para que establezcan una familia y tengan descendencia.

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