Caracas, 4 mayo (batalladeideas.com).- Sucedió una noche a finales de abril del año pasado.
Un grupo militar venezolano transitó con la máxima discreción los 160 kilómetros que distan de la sede del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), situada en las afueras de Caracas, hasta el puerto de la localidad de Puerto Cabello, en el estado Carabobo.
Las causas de la nocturnidad y la discreción solo se revelarían varios días después: los militares acompañaban un vehículo que llevaba un contenedor con aproximadamente 13 kilogramos de uranio altamente enriquecido, con la intención de ser enviado a Estados Unidos.
La operación de extracción incluyó la colaboración de los gobiernos de Venezuela, Estados Unidos y Reino Unido, además del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que -según se informó más tarde- trabajaron durante años para asegurar que se llevara a cabo de manera segura.
En un comunicado emitido el 8 de mayo, el OIEA señaló que era «una misión conjunta meticulosamente organizada, realizada con rigurosas medidas de seguridad, dado que este tipo de material nuclear podría representar un peligro de proliferación o una amenaza para la seguridad si llega a manos inapropiadas».
Se define como uranio altamente enriquecido (HEU, por sus siglas en inglés) a aquel que está enriquecido en más del 20%.
Jack Crawford, investigador del grupo de Proliferación y Política Nuclear del Instituto Real de Servicios Unidos (RUSI), indicó que este uranio se utiliza en reactores nucleares a nivel global con fines pacíficos como la investigación o la propulsión de submarinos nucleares, aunque también puede ser utilizado para generar material fisible o incluso bombas.
«Los 13 kg de uranio altamente enriquecido que se sacaron [de Venezuela] son, en teoría, suficientes para ser procesados después y resultar en un arma nuclear de pequeño tamaño.»
BBC/BDI
