En el oeste de Venezuela, el joven pescador, Wilder Fernández, atrapa con una red cuatro peces de considerable tamaño en las aguas oscuras de una pequeña bahía al norte del lago de Maracaibo, uno de los más grandes de América.
Será la comida de su grupo antes de zarpar hasta la noche, en una tarea a la que últimamente siente temor de unirse. Con 13 años en la labor, admite que le inquieta fallecer en sus esfuerzos en esas aguas que enlazan con el mar Caribe, ya no a causa de algún ladrón nocturno, como antes, sino, tal vez, por balas de origen extranjero.
«Eso es una locura, amigo», comenta sobre el despliegue al norte de su nación de barcos, aviones de combate, un submarino y miles de soldados de las fuerzas armadas de Estados Unidos en el marco de una operación militar contra supuestas agrupaciones «narcoterroristas».
De acuerdo con el artículo redactado por el periodista Gustavo Ocando Alex para la BBC, desde el 2 de septiembre, el ejército de Estados Unidos ha atacado seis barcos en el Caribe, causando la muerte de 27 miembros de la tripulación a quienes ha acusado, sin proporcionar evidencias, de estar involucrados en el tráfico de drogas.
Este miércoles, el presidente Donald Trump afirmó que EE.UU. está considerando una posible invasión terrestre, en una declaración donde corroboró que dio permiso a la CIA para llevar a cabo operaciones secretas en Venezuela.
Fernández, que lleva un par de botas oscurecidas por las manchas de petróleo ocultas bajo las aguas, está informado sobre esas noticias.
«Me comenta que abandone la ‘pesquería’ y que busque otro empleo, ¡pero no hay hacia dónde ir!», señala, mientras admite que, a pesar de la lejanía, no descarta que la ofensiva podría llegar en algún instante a su barco, «aunque sea por equivocación»
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