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Siria: sembrar las semillas del futuro después de la guerra.

Redacción Batalladeideas
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Damasco, 23 feb (batalladeideas.com).- Después de la caída del régimen de Asad, la siria Huda Khayti volvió a su ciudad natal Duma. La ciudad en decadencia la enfrentó a su historia y la impulsó a consagrar su vida a una Siria renovada.

Huda Khayti siempre estuvo consciente de que este momento llegarían. A pesar de su preocupación por que el mundo pudiera haber desatendido a Siria durante casi quince años de conflicto, siempre mantuvo la esperanza. «Era consciente de que un día derrocaríamos al régimen de Asad», comentó a DW por teléfono.

En diciembre, cuando el grupo rebelde islamista Hayat Tahrir al Sham (HTS) destituyó al dictador sirio Bashar al Asad en un avance sorprendente, Huda, que actualmente tiene 44 años, experimentó una profunda sensación de alivio que aún no puede poner en palabras.

Y no obstante, aunque el final del régimen de Asad inauguró una nueva etapa política en Siria, también puso de manifiesto todas las dudas que acompañan a los nuevos inicios.

Regreso al futuro.

El retorno de la actividad en el país después de décadas de régimen autoritario de la familia Asad no resultó ser una experiencia serena para Khayti.

Al día siguiente de la salida del dictador, inició su viaje desde su residencia provisional en la ciudad de Idlib, al noroeste de Siria, hacia su ciudad de origen Duma. Su temor aumentaba con cada kilómetro, al igual que su firmeza. Debía observar lo que restaba de su vida anterior.

Al llegar a Duma, lo único que pudo observar fue devastación. Al fin arribó a la vivienda de sus progenitores. Las paredes estaban destrozadas, se habían caído secciones del techo. Ingresó con precaución, cada paso evocaba memorias.

«No logré soportar ni cinco minutos en ese lugar,» le comenta a DW. Aún se podían ver las huellas del bombardeo del régimen que acabó con la vida de su hermano. Después intentó localizar su sepulcro. «No tengo idea de dónde lo sepultaron,» comenta con el corazón roto. «Es probable que se encuentre en una fosa común.»

A pesar del sufrimiento, Khayti también evoca que el aroma a jazmín llenaba la ciudad, un curioso contraste con la desolación gris. Y decidió: no va a dejar que la desesperación la sobrepase. «Me enfrenté a Asad.» «Reviviré y reconstruiré esta nación en compañía de otros», expresa.

Flores y árboles representando la vida

La primera acción de Khayti consistió en sembrar flores y árboles en un parque de Duma con la colaboración de la Defensa Civil Siria y otras entidades. «Es una indicación de que la vida está regresando», afirma. «Siria no es solo un lugar de dolor, sino también un lugar de esperanza».

Khayti nació en Duma y cursó literatura francesa en Damasco. Su transformación personal inició mucho antes del alzamiento democrático de 2011, el cual fue reprimido de manera brutal por el régimen de Asad contra su propia gente.

«Pronto comprendí cuán profundamente Asad estaba dañando a las mujeres y oprimía a su propio pueblo», recuerda. Con la firme intención de hacer un cambio, estableció tres centros para mujeres en la localidad de Ghouta, próxima a Duma, donde llevó a cabo clases de inglés y talleres sobre violencia de género, derechos femeninos y primeros auxilios.

Economía y estructuras destrozadas

Khayti continúa reflexionando sobre las opciones que le ofrece el futuro, aunque es consciente de que no será sencillo.

Luego de casi 14 años de conflicto y el destructivo sismo de 2023, gran parte del territorio, la economía y las infraestructuras se encuentran en ruinas.

Solo hay unas pocas horas de luz eléctrica al día. De los 21,3 millones de sirios, 16,7 millones requieren asistencia humanitaria, informa Médicos Sin Fronteras.

Asimismo, cerca de dos millones de niños no van a la escuela y 7.000 escuelas fueron arrasadas a causa de la guerra, según Unicef.

Con Informacion de DW

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