Ohio, 23 abril, batalladeideas.com.- Lo que inició como una acción ingenua de un niño en 1951 se convirtió en una especie que supo adaptarse y evolucionar en un ambiente urbano.
La ingenuidad de un niño pocas veces considera que sus actos podrían generar repercusiones graves que perduren por muchos años. Mucho menos que sus acciones puedan afectar un ecosistema completo a más de siete mil kilómetros de distancia y más de 70 años después. Este fue el caso de George Rau Jr., un niño estadounidense de 10 años que, en unas vacaciones familiares en Italia en 1951, optó por llevar a casa un recuerdo del lago de Garda: 10 pequeñas lagartijas europeas ocultas en un calcetín.
Lo que aparentaba ser una simple historia de infancia se transformó en el comienzo de un fenómeno ambiental que sigue evolucionando hasta hoy. Al volver a Cincinnati, Ohio, George soltó a los reptiles en el patio trasero de su hogar. Décadas después, en 1989, él ratificó la historia al Museo de Historia Natural de Cincinnati y al diario The Cincinnati Enquirer. Lo que en ese momento nadie previó fue que esas diminutas lagartijas darían lugar a una población invasora que, en la actualidad, se cifra en decenas de miles.
Conocidas como Podarcis muralis, o lagartijas de pared europeas, estos reptiles, también llamados “lagartijas Lázaro”, se han consolidado como habitantes permanentes en Cincinnati. Aunque provienen del norte de Italia, han logrado establecerse con éxito en la ciudad estadounidense, aprovechando las condiciones climáticas y geográficas del entorno. Su relato es un claro recordatorio de cómo una acción que parece inofensiva puede ocasionar consecuencias ecológicas persistentes.
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