La analista Rosemary Kelanic, de Defense Priorities, sostiene que incluso con una producción récord, Estados Unidos sigue expuesto al encarecimiento global del crudo porque los shocks de oferta se trasladan rápidamente al mercado interno: sube la gasolina, aumenta el costo del transporte y se enfría el consumo. En una economía muy dependiente del automóvil y menos desacoplada del petróleo que China, el impacto puede sentirse con más fuerza.
El problema para Trump es que el tiempo juega en contra. Con el Brent disparándose hasta 126,41 dólares antes de retroceder, y con la crisis en Ormuz manteniendo la volatilidad del mercado, una interrupción prolongada del suministro puede aumentar la inflación y debilitar el margen de maniobra de Washington frente a Irán.
Fuente: Depresión Economica.
