Batalladeideas.com, 17 abril.- Mi madre ha mantenido siempre una regla firme: no se permite llevar zapatos usados en el exterior dentro de casa. No importaba quién fueras -amigo, conocido o visitante-, debías quitártelos antes de pasar el umbral.
De pequeña, creía que era una de sus tantas costumbres. Sin embargo, a medida que fui creciendo (y ganando sabiduría), entendí que no era una necesidad compulsiva. Era cuestión de salud, seguridad e higiene.
La limpieza a menudo se relaciona con la suciedad que se puede ver. Sin embargo, al hablar de calzado, lo que está oculto bajo la superficie tiende a ser microscópico y mucho más riesgoso que un poco de barro o césped seco.
El calzado para el exterior transporta bacterias, alérgenos y compuestos químicos perjudiciales, muchos de los cuales están vinculados a serios problemas de salud.
De acuerdo a una investigación de la Universidad de Arizona, en Estados Unidos, un impresionante 96% de los zapatos resultaron positivos en bacterias coliformes, que comúnmente se hallan en heces.
Y lo que resulta aún más preocupante, el 27% presentaba E. coli, una bacteria vinculada a varias infecciones, algunas de las cuales pueden ser letales.
Reflexiona sobre los lugares que recorren tus zapatos a diario: baños públicos, calles, corredores de hospitales y áreas verdes tratadas con químicos tales como herbicidas e insecticidas para eliminar plagas y malas hierbas.
Aunque ciertas cepas de E. coli son benignas, otras generan shigatoxinas, las cuales pueden llevar a diarrea sanguinolenta y ocasionar el síndrome urémico hemolítico, una condición que puede ser mortal y causa insuficiencia renal.
Los niños que tienen menos de cinco años enfrentan un riesgo particular debido a la maduración de su sistema inmunológico y a que suelen llevarse las manos a la boca con regularidad.
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