Washington, 15 marzo (batalladeideas.com).- La contienda entre el presidente Donald Trump e Irán había comenzado hacía pocas horas, y el plan ya se había desviado.
Impulsados por recientes informes de inteligencia que señalaban que el líder supremo del país, Alí Jamenei, de 86 años, se encontraba con sus altos funcionarios en la mañana del 28 de febrero, Estados Unidos e Israel habían intensificado la preparación de un ataque con la esperanza de desmantelar de una vez la cúpula del régimen.
Si funcionaba, estimaban los funcionarios, el vacío de poder resultante se podría llenar con una lista de líderes de menor rango que esperaban estar dispuestos a dar paso a una era más favorable a Estados Unidos en Irán.
Los ataques iniciales contra objetivos en todo el país lograron acabar con la vida de Jamenei y otros asesores de alto nivel. No obstante, al recibir los primeros reportes, se hizo evidente que habían originado un nuevo inconveniente: todos los postulantes que la administración había evaluado para liderar Irán también habían sido descalificados.
“Muchos de los individuos que pensábamos están fallecidos”, admitió Trump días después. “Y ahora contamos con otro grupo.” Podrían estar también fallecidos, según los reportes. Por lo tanto, imagino que vendrá una tercera oleada. “Pronto, no vamos a reconocer a nadie”.
El impacto más extenso de lo anticipado del ataque inicial contra el liderazgo iraní constituyó el comienzo de una serie de riesgos que transformaron una operación que la Casa Blanca había concebido algunavez como una campaña militar centrada de varias semanas en un conflicto sin un desenlace claro que se agravó más allá del control estadounidense, con consecuencias económicas y políticas en aumento; ysin una estrategia de retirada definida.
CNN ESPAÑOL/BDI
