Nadie imaginaba que Dennis Rader, jefe de la organización de boy scouts local y presidente del Consejo de la Iglesia Luterana, era el delincuente que asustó a Wichita durante años y que se burlaba de las autoridades enviándoles cartas firmadas como BTK, por las frases en inglés que describían lo que hacía con sus víctimas: Bind, Torture and Kill. Los diez delitos que perpetró y la pista que condujo a su arresto 13 años tras su último homicidio.
Era enero de 2004 y habían pasado casi 13 años desde que Dennis Rader dejó de asesinar, como si abandonara el alcohol o el tabaco, de repente y con determinación. Tenía una vida ordinaria junto a su esposa, Paula, con quien contrajo matrimonio hace más de treinta años, y sus dos hijos, Brian y Kerri, formando así una familia perfecta.
De esta manera los percibían no solo sus vecinos inmediatos, sino gran parte de la comunidad de Wichita, Kansas, donde Dennis era el dirigente de la agrupación local de scouts y presidente del Consejo de la Iglesia Luterana.
Al hablar en el templo, los devotos escuchaban en silencio las verdades que fluían de su boca, sus persuasivos llamados a la paz y la solidaridad eran tocantes, y su discurso contra la violencia generaba apasionadas adhesiones.
Nadie imaginaba que Dennis pertenecía a los asesinos en serie más buscados en Estados Unidos, sumando diez muertes en tres décadas, hasta que un día de 1986 decidió dejar de matar y se permitió informarlo por carta a la policía, que lo buscaba sin éxito y de la cual se mofaba tras cada asesinato.
Con Informacion de INFOBAE.
