Madrid, 17 abril, batalladeideas.com.- A pesar de una prolongada recarga magmática, no ocurrió una gran inyección final antes de la erupción.
El magma que causó la erupción de La Palma en 2021 había estado reactivándose silenciosamente durante al menos 10 o 15 años. Esto lo demuestra un estudio global divulgado en la Revista de Vulcanología e Investigación Geotérmica, que reconstruye por primera vez la historia del magma a través del análisis de rocas y experimentos de cristalización a alta presión.
La investigación, en la que colaboraron la Universidad de La Laguna, el Instituto Geográfico Nacional y el CSIC, sugiere una reactivación lenta y silenciosa del sistema magmático desde las profundidades de la isla, sin provocar sismos detectables.
A través de experimentos que recrean las condiciones de la cámara magmática, los científicos hallaron que el reservorio estaba estratificado. En la zona superior, el magma era más fresco y contenía más agua, alcanzando los 1.065 ºC, mientras que en la base era más caliente y árido, con una temperatura de hasta 1.135 ºC. Esta variación en temperatura podría justificar por qué, en la segunda mitad de la erupción, la lava se tornó más líquida y rápida, produciendo coladas de mayor extensión.
Uno de los descubrimientos más sorprendentes es que, a pesar de múltiples episodios de recarga magmática a lo largo del tiempo, no hubo una gran inyección final antes de la erupción. Los autores sugieren que el desencadenante pudo haber sido la acumulación de gases o influencias externas.
Asimismo, la investigación enfatiza que no se registraron sismos anteriores en el área donde se acumuló el magma, lo que indica la necesidad de optimizar los sistemas de vigilancia para detectar estos movimientos ocultos.
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