Bogotá, 05 abril, batalladeideas.com.- La escultora colombiana Feliza Bursztyn «falleció de pena» a los 48 años, mientras compartía una cena con su esposo y amigos en un restaurante durante su exilio en París.
El autor colombiano Juan Gabriel Vásquez intentó investigar si tal muerte era viable.
En su reciente novela, «Los nombres de Feliza», el aclamado autor explora la existencia de esta mujer que desafió todos los convencionalismos para alcanzar la libertad, al mismo tiempo que representa un país y una época de violencia y agitación social que provocó una gran fertilidad creativa en la literatura y las artes.
El resultado de esa época fue Gabriel García Márquez, amigo de la escultora, uno de los asistentes a esa última cena de Feliza en 1981 y creador de la autopsia literaria que fascinó a Vásquez.
Feliza, la hija de inmigrantes judíos polacos, realizó su obra uniendo trozos de metal reciclado, lo que sorprendió y molestó a la sociedad colombiana de aquel tiempo.
Se distanció de un matrimonio que le impedía desarrollarse como artista y como mujer, lo que le costó caro al tener que separarse de sus tres hijas.
Y buscó preservar una independencia ideológica que, en última instancia, la llevó al exilio.
Vásquez conversó con BBC Mundo durante el Hay Cartagena 2025, un festival de literatura e ideas que celebrará a finales de enero sus 20 años en esta ciudad del Caribe colombiano.
Franja gris.
Han transcurrido 28 años desde que conociste la historia de Feliza Bursztyn hasta que decidiste plasmarla por escrito. ¿Por qué tanto retraso?
Conocí la columna de García Márquez donde diagnosticaba que Feliza murió de tristeza en 1996.
Yo recién iniciaba el intento de ser novelista, buscando entender cómo se convierte la experiencia en literatura.
BBC NEWS MUNDO
