Reflexionar en exceso no solo resulta “agotador”, sino que también altera la química del cerebro, según estudios recientes de la Universidad de la Sorbona. De este modo, el denominado desgaste mental es un fenómeno biológico auténtico, cuantificable y con efectos directos en la toma de decisiones diarias.
Según este estudio, el esfuerzo mental prolongado modifica la corteza prefrontal, área crucial para el autocontrol y la planificación. Se observa una acumulación de glutamato en el espacio extracelular de la corteza prefrontal lateral, lo que afecta la comunicación neuronal.
Este neurotransmisor es esencial para el correcto funcionamiento del cerebro; no obstante, su acumulación en exceso puede ser tóxica. Por esta razón, al mantener la carga mental durante extensas horas, el sistema habilita un “modo de ahorro” que da prioridad a funciones esenciales en lugar de a procesos complicados.
En dicha condición surge la impulsividad, se reduce el autocontrol y se eleva la posibilidad de decisiones apremiadas o menos éticas. Del mismo modo, el cerebro prefiere gratificaciones inmediatas y que requieren poco esfuerzo, como la ingesta de azúcares o el uso excesivo de redes sociales.
Asimismo, este “modo ahorro” pospone metas que necesitan una planificación a largo plazo, impactando en la productividad, el estudio y el trabajo. Sin embargo, los expertos señalan que hay un mecanismo natural para contrarrestarlo: el reposo profundo y prolongado, especialmente durante el sueño nocturno.
Durante el sueño, el sistema glinfático elimina el exceso de glutamato que se acumula tras un día de alta actividad mental. Este «depuramiento» es el único camino para restaurar por completo la corteza prefrontal y recuperar la claridad mental, la habilidad de concentración y la estabilidad emocional necesarias para un funcionamiento saludable.
Con Informacion de VENEZUELA NEWS.
