Londres, 10 agosto, (batalladeideas.com).- Sin embalsamamiento ni congelación, el cerebro tiende a descomponerse con rapidez después de la muerte. Sin embargo, algunos perduran de manera natural durante cientos o miles de años.
«Es mi preferido.» Perdonen el aroma. «Es formal».
La investigadora británica Alexandra Morton-Hayward sostiene en sus manos uno de sus bienes más valiosos.
Es un cerebro al que le puso el apodo «Rusty» («herrumbrado»). El cerebro, contraído y de tonalidad rojiza, parece diminuto, cobijado en los guantes de la especialista.
Morton Hayward es investigadora postdoctoral y antropóloga forense en la Universidad de Oxford, donde preserva en dos neveras ejemplares excepcionales.
La investigadora ha compilado una colección de más de 600 cerebros antiguos de diversas regiones del mundo, algunos de los cuales tienen hasta 8.000 años de antigüedad. «No tengo conocimiento de una colección más grande,» indicó.
El cerebro tiende a deteriorarse rápidamente después de la muerte. ¿Cómo se explica, entonces, que en sitios arqueológicos se hayan hallado cerebros que no fueron afectados por ese proceso de degeneración?
Es un enigma que confunde a los investigadores y que Morton-Hayward busca resolver. La solución, afirma, podría ser útil para investigar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson.
Sin embargo, la primera ocasión en que Morton-Hayward observó un cerebro humano no fue en un laboratorio.
Laboraba en una funeraria y había pausado sus estudios a causa de una dolorosa condición que continúa afectando su vida y se origina en su propio cerebro.
BBC NEWS MUNDO/BDI
