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Los microplásticos se pueden acumular más en el cerebro que en el riñón o el hígado.

Redacción Batalladeideas
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Batalladeideas.com, 06 marzo.- A pesar de que las potenciales repercusiones para la salud de las personas todavía no se comprenden completamente, estos descubrimientos enfatizan una consecuencia del aumento de las concentraciones mundiales de plásticos ambientales, afirman los científicos a cargo del estudio, publicado en la revista Nature Medicine.

Las pequeñas partículas de plástico pueden concentrarse en cantidades más elevadas en el cerebro humano que en el hígado y el riñón, habiéndose registrado mayores niveles en muestras post mortem de 2024 en comparación con las de 2016, según un estudio.

A pesar de que las posibles repercusiones para la salud de las personas aún no se comprenden completamente, estos descubrimientos destacan una consecuencia del aumento de las concentraciones mundiales de plásticos ambientales, afirman los científicos a cargo del estudio, publicado en la revista Nature Medicine.

En este contexto, destacan que la cantidad de nanopartículas y micropartículas plásticas ha crecido de manera exponencial en los últimos 50 años, según Infobae.

Matthew Campen y su grupo de salud pública de la Universidad de Nuevo México (EE. UU.) emplearon métodos innovadores para examinar la distribución de micro y nanopartículas en muestras de tejidos del hígado, riñones y cerebro de individuos a quienes se les realizaron autopsias en 2016 y 2024.

De acuerdo con Campen, los niveles de plástico en el cerebro parecían ser superiores a los del hígado o los riñones, y más altos que los reportes previos sobre placentas y testículos. «Los descubrimientos deberían encender la alarma», señala en un comunicado la universidad.

Para alcanzar sus conclusiones, los investigadores examinaron un total de 52 muestras cerebrales (28 en 2016 y 24 en 2024); identificaron estas partículas en todas y hallaron concentraciones similares en las muestras de tejidos hepáticos y renales recolectadas en 2016.

No obstante, las muestras cerebrales recolectadas en ese instante, todas provenientes de la zona de la corteza frontal, presentaban concentraciones considerablemente mayores de partículas plásticas que los tejidos del hígado y el riñón.

El grupo también verificó que las muestras de hígado y cerebro de 2024 presentaban niveles considerablemente más altos de micro y nanopartículas de plástico en comparación con las de 2016.

Luego, compararon estos descubrimientos con los de muestras de tejido cerebral de años anteriores (1997-2013) y notaron que había mayores concentraciones de partículas plásticas en las muestras más recientes.

Los investigadores también observaron una concentración mayor -10 veces más- de partículas micro y nanoplásticas en 12 cerebros de personas con un diagnóstico confirmado de demencia que en aquellos que no lo presentaban.

Sin embargo, en relación a esto último, los propios autores indican que los descubrimientos no demuestran una conexión causal entre las partículas de plástico y los efectos en la salud.

Igualmente, indican que ciertas variaciones en las muestras de cerebros podrían ser resultado de diferencias geográficas, dado que los ejemplares fueron recolectados en Nuevo México y en regiones de la costa este de Estados Unidos.

Por ello, afirman, son necesarios más estudios a largo plazo con grupos más grandes y variados para identificar las tendencias de acumulación de micropartículas y nanopartículas y sus posibles efectos en la salud.

Estos hallazgos subrayan la urgente necesidad de entender más a fondo los modos de exposición, absorción y eliminación, así como las potenciales repercusiones para la salud de los plásticos en los tejidos humanos, especialmente en el cerebro, concluyen los autores en su estudio.

En los años recientes se han publicado varios estudios científicos acerca de los microplásticos y el organismo humano.

La pasada semana, por ejemplo, se publicó en la revista Pregnancy una investigación que indicaba que los microplásticos -menos de cinco milímetros- y los nanoplásticos, invisibles a simple vista, se habían encontrado en altas concentraciones en placentas de bebés nacidos prematuramente, más que en las de aquellos nacidos a término.

Y en el pasado se han hallado plásticos, entre otros, en la sección más profunda de los pulmones o en el torrente sanguíneo de los humanos.

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