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Salones de belleza clandestinos, el reflejo de la asfixia talibán a las mujeres.

Redacción Batalladeideas
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Kabul, 12 abril, batalladeideas.com.- Para la joven Rehyana Nayib, de 22 años, su trabajo como esteticista le genera temor. En un rincón tranquilo de Kabul, en una casa sencilla donde opera su salón de belleza secreto, sus palabras reflejan el peso de una generación ahogada bajo una opresión constante y el agotamiento característico de alguien mucho más anciano.

“Soy Reyhana Najib.” «Soy una persona de 22 años y cuido a cinco miembros de mi familia”, menciona a EFE.

Rehyana no se limita a ser esteticista. Es hija, hermana y líder del hogar, una función impuesta en un país donde solo el hecho de laborar siendo mujer ya es visto como un acto de rebeldía.

“Trabajo en el área de los salones de belleza desde hace cuatro años. Soy esteticista, tengo un salón en mi hogar y con esta labor satisfago las necesidades y el sustento honesto de mi familia”, cuenta.

Con la restricción oficial de los salones de belleza establecida por los talibanes en julio de 2023, Rehyana se vio obligada a llevar su trabajo a la clandestinidad.

“El trabajo en salones ha sido oficialmente vetado por los talibanes”, aclara, “nadie puede acudir a los salones y hay hombres armados custodiando cada uno”.

La opresión ha sido tan intensa, que hasta la mera sospecha de poseer un salón de belleza en el hogar puede desencadenar amenazas o arrestos.

La única manera de subsistir

“no existía otra manera de subsistir (…) Me sentí forzada a seguir laborando en el salón para satisfacer nuestras demandas”, explica a EFE.

La familia de Rehyana consta de un padre anciano, una madre dedicada al hogar y varios hermanos menores, pero la responsabilidad de su supervivencia recae en esta joven, quien sabe que actúa en secreto y con temor.

EL ARAGÜEÑO

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