La historia del hombre sentenciado por el delito en Candelaria muestra detalles perturbadores, incluyendo, un aparente remordimiento.
Con frases claras y sin vacilaciones, detalló que consiguió persuadir a la joven para que accediera al local, haciéndola creer que recibiría un regalo. «Le comenté que entrara porque le tenía un obsequio y en ese momento la golpeé en la cabeza,» declaró. El objeto fue una cuchara de metal de gran tamaño utilizada para alimentar a los animales, y con la cual le provocó una herida contundente. «Ella se desplomó y quedó en estado de inconsciencia.» «Regresé a aterrizar y me puse nervioso porque no sabía qué hacer», agregó.
Luego de agredirla, comentó que no verificó si Sofía seguía viva. “Me fui, pero no la tocqué para comprobarle los signos vitales ni nada”, afirmó. Esa sección de la historia concuerda con las versiones de los investigadores, quienes creían que la niña todavía respiraba después del primer impacto.
Al salir del lugar, Campo intentó comportarse con normalidad, regresó a su hogar y comió con su familia, aunque reconoció que la imagen de lo sucedido no se desvanecía de su mente. Más tarde, volvió al sitio del crimen engañando a su esposa con la excusa de que iría al taller. Fue en ese momento cuando llevó el cuerpo de Sofía al lugar donde finalmente fue encontrado. “Arribé al lugar y entonces decidí transportar el cuerpo hasta el sitio donde lo hallaron”, confesó.
Con Informacion de INFOBAE.
